CHANGO CABRAL, ARTISTA, Y PERSONAJE DE LEYENDA
OBRA ORIGINAL DE ERNESTO GARCÍA “EL CHANGO” CABRAL

Ernesto García Cabral es el hombre que más ha dibujado en México. ¿Exagero? Corrijo entonces inmediatamente la frase: García Cabral es el hombre que más ha dibujado a México. Y les voy a decir por qué digo lo que estoy diciendo.

Nadie, absolutamente nadie, ha retratado el rostro de México con toda sus criaturas. ¿Nadie?   Con una paciencia infinita de coleccionista de hierbas y de insectos, unida a la genial capacidad de dibujarlos más allá de la realidad, este hombre de Huatusco, que ahora celebramos, es dueño del mayor catálogo de fisonomías mexicanas, dentro y fuera de los cuatro reinos de la naturaleza. Porque aquí estamos todos, hombres y mujeres comprometidos en el trance de la vida, ese que nos trae y nos lleva del nacimiento a la decrepitud y a la muerte. Pero también están aquí, tan cerca de nosotros como nunca, todas las criaturas que nos acompañan y asisten la tarea de vivir: los vegetales y las piedras, los animales y las nubes…

Personalmente, dediqué muchas horas de mi vida a coleccionar las caricaturas humanas que dibujó Ernesto García Cabral. Por eso afirmo que allí, en ese depósito que ahora resulta inexplorable, estamos todos: no hay un año que falte en nuestra vida, ni siquiera el rasgo más mínimo de nuestra condición individual. Niños pueriles, párvulos, adolescentes, muchachas y muchachos de toda laya. Y luego las parejas y las disparejas de toda condición: obreras y campesinas, aristocráticas y soldadescas, lo mismo da. Daifas y rufianes, clases medias y magnates desfilan de dos en dos, cada uno con su cada una… Gran dibujante de mujeres, García Cabral tuvo la honradez de dibujarnos también a nosotros, la otra pieza del juego más bello del amor que se hay hecho en este siglo: la de representar a Adán y a Eva vestidos a la moda de los años veintes.

Y digo años veintes sin temor a equivocarme, porque en esa década culmina el genio de García Cabral, como autor de las portadas de Revista de Revistas, gracias a una coincidencia feliz entre el artista y un grupo privilegiado de artesanos que supieron hallar una fórmula plástica y tipográfica hasta ahora insuperada y que consiste en el manejo de los colores puros, a partir de secciones o parcelas limpiamente delimitadas. Ya se trate de rostros, de figuras de cuerpo entero, de marinas y paisajes, lo mismo da: el cartel mexicano, aunque de dimensiones reducidas al formato de una revista, alcanza su más legítimo esplendor.

García Cabral estuvo, naturalmente, en París. Justamente en la hora culminante y transitoria: esa que iba del Arte Nuevo al Arte Decorativo (Art-Nouveau y Art-Déco, como ustedes quieran). Esa que duró entre nosotros hasta los treintas. Y entonces vio el rostro de la Eva Futura, ese que renueva y se transforma continuamente a través de una serie interminable y espléndida: mujeres fatales, vírgenes funestas se suceden una tras otra, soñadoras y evanescentes, pero venturosamente intercaladas con las figuras recién surgidas de intelectuales y deportistas.

A propósito del Art Nouveau y de su extensa ocupación de todos los sectores plásticos y literarios, quiero apuntar aquí el hecho de que García Cabral resulta en México su mayor representante y continuador. Bastaría mencionarlo como el más notable diseñador de trajes, muebles, arquitectura y ornamentos…(me doy cuenta ahora de que no hablé de caricatura, siendo como se da el caso, que me refiero a un hombre que pasó la vida y se la ganó también como dibujante humorístico. Para remediar semejante omisión, diré lo siguiente):

Diego Rivera y José Clemente Orozco se preguntaron un día: —¿Quién es el hombre que dibuja mejor entre todos nosotros?— Como era de esperarse, respondieron indudablemente: Ernesto García Cabral.

Juan José Arreola