Homenaje a Vicente Rojo.

En 1959 propuse a José Azorín y a los hermanos Espresate, mis amigos y colaboradores de Imprenta Madero, la creación de una pequeña editorial, cuyos libros se pudieran imprimir en los tiempos que las máquinas estaban inactivas. El proyecto contó con el apoyo entusiasta de don Tomás Espresate, quien puso una sola condición: que la editorial estuviera compuesta exclusivamente por jóvenes (ninguno de nosotros contaba aún con treinta años). Así que con las iniciales de nuestros apellidos y una gran inconsciencia formamos Ediciones Era. Las portadas de la primera, Ancho Mundo, sobre temas políticos de actualidad, estaban diseñadas con grandes letras, generalmente dibujadas por mi, a la manera de mini carteles. Para las portadas de la segunda, de temas literarios, decidí usar un solo tipo de letra, el Egipto, en altas y bajas para el autor y altas para el título, mientras que la imagen podía cambiarla con libertad. Al mismo tiempo empezamos la serie Alacena, que era mi laboratorio: todas las portadas y las páginas interiores eran diferentes y, como ha sido habitual en todo mi trabajo, trataba de sacar el mayor partido a las limitaciones económicas.

VICENTE ROJO