Homenaje a José Guadalupe Posada

La Calavera siempre ha sido, en todas las culturas del mundo, una forma simbólica de representar a la muerte y a los muertos. En México y América Latina, podemos decir que existen dos raíces visibles: el arte precolombino y el arte hispano. Entre los nativos del Nuevo Mundo y, especialmente, en Mesoamérica existía el culto a la muerte y a los muertos a través de Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, dios y diosa de la muerte. Ambas imágenes representan figuras humanas descarnadas que, en posición sedente, muestran de manera abierta su calavera. De ahí que se les conozca hasta la fecha como calaca, huesuda, pelona, ojona, tilica y flaca, entre otros nombres cariñosos.

Recordemos que en México antiguo la calavera-muerte se encontraba labrada en los muros (tzompontli: muro de ca laveras), en esculturas monumentales, en joyas de concha marina o metales preciosos, pinturas en códices, sellos y pintaderas. La mayor de las representaciones de la calavera es la escultura monumental Coatlicue (del náhuatl cóotl, serpiente; y cuéitl, falda de serpientes): Diosa de los aztecas, madre de Huitzilopochtli (el sol), de la luna y las estrellas. Aunque predomina en su atuendo la serpiente, símbolo de la fertilidad, el centro de su ombligo está ocupado por un enorme cráneo descarnado. Siendo de este modo, como la Coatlicue es, al mismo tiempo diosa de la vida y creadora de inmundicias. Al fin dualidad: vida-muerte.

Más cerca de nuestro siglo, a partir del siglo XIX, también se le llamaron calaveras a los versos jocosos o rimas que denunciaban los abusos de las autoridad es porfiristas. Estas calaveras literarias iban casi siempre ilustradas con grabados de expresiones festivas. En la actualidad, las calaveras más famosas son aquellas que nos heredó el gran artista hidrocá lido José Guadalupe Posada.

Cada época empleó los materiales, las técnicas y los conceptos que habían logrado consolidar hasta el momento. Arte mágico, mítico, religioso, racional o irracional; naturalista, realista, surrealista, figurativo, geométrico o abstracto; todos y cada uno de ellos contribuyeron a expresar con imágenes su idea o emoción acerca de la muerte y los muertos. Actualmente, los material es y las técnicas se han diversificado: dibujo, grabado y pintura. Pero además, fotografía y todos los recursos mediáticos que, sabiendo utilizarlos con talento y disciplina, producen verdaderas obras que coadyuvan a la realización de un auténtico homenaje al maestro José Guadalupe Posada.

Este amplio catálogo de imágenes, venidas de diferentes y lejanos lugares, demues tra una vez más la generosidad de los jóvenes artistas latinoamericanos. Este es fuerzo significa, a simple vista, que las nuevas generaciones de artistas buscan - y encuentran con inmensa voluntad creadora- aquellos valores éticos y estéticos que nos permitan conocer y reconocer la enorme posibilidad de pensar, producir y consumir nuestra propia cultura. Uno de estos valores, cuya fronda ha crecido con el tiempo y ha profundizado con sus raíces hasta tocar nuestras entrañas, ha sido y es José Guadalupe Posada.


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